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El colegio en niños adoptados: problemas, causas y soluciones

El colegio en niños adoptadosCualquiera que haya convivido con un niño de menos de 3 años sabe que son como esponjas. Cada nueva situación activa nuevos resortes en su cerebro y les hace avanzar en su conocimiento de la realidad. El cariño y la estimulación que reciben por parte de los adultos que les cuidan, les ayuda a descubrir y entender el mundo.

Algo tan sencillo como comentar con ellos que el suelo de la calle está mojado porque ha llovido, les permite ir sentando las bases del pensamiento causal; aunque no se lancen a hablar hasta pasados los dos años, todo lo que escuchan y viven contribuye a desarrollar el modo en que piensan y aprenden a relacionar y razonar.

La mayoría de los niños adoptados han pasado períodos más o menos largos en los que sus necesidades no han sido atendidas como necesitaban. En un orfanato, por ejemplo, la atención adulta es reducida, y las ocasiones de experimentar y aprender de nuevas situaciones son escasas. Estos niños se enfrentan al colegio con unas bases cognitivas menos sólidas que las de otros niños de su edad. Se han saltado aprendizajes básicos, porque no contaron con un ambiente propicio para desarrollarlos cuando tocaba.

Al empezar la escuela primaria, muchos niños tienen cada vez más problemas para seguir el ritmo de la clase.

Tras la adopción, los niños nos sorprenden con su extraordinaria capacidad de adaptarse y de asimilar a toda velocidad un nuevo idioma, nuevos hábitos y rutinas, etc. Sin embargo, conviene estar alerta y no olvidar que, si les faltó un ambiente propicio en momentos claves de su desarrollo, es muy posible que necesiten tiempo y ayuda para poder reparar sus carencias.

Con frecuencia, no es hasta el último curso de infantil o el primero de la escuela primaria cuando saltan las primeras alarmas. Niños que en prescolar no tenían ninguna dificultad e incluso destacaban por encima de la media se atascan con la lecto-escritura. Se defienden bien en la lengua oral, pero les cuesta seguir las explicaciones abstractas, no retienen las instrucciones, las mates se les hacen un mundo… Las clases de refuerzo no dan los resultados esperados, y las tardes en casa se convierten en una maratón para completar los deberes y tareas.

La neuropsicología ha llegado a la conclusión de que los primeros años de vida son fundamentales en el desarrollo cognitivo y emocional de cualquier niño. En circunstancias normales, las bases de la personalidad y el desarrollo psicolingüístico se asientan antes de los tres años. Cuando les faltaron los estímulos apropiados en períodos críticos de su desarrollo, estos cimientos no son tan sólidos como debieran.

Cuando por mucho que se esfuercen no llegan donde llegan otros, pueden pensar que son tontos y que no vale la pena seguir esforzándose.

No es desidia ni rebeldía lo que les impide avanzar al ritmo de los demás. Padres y educadores deben tener presente que estos niños necesitan más supervisión y acompañamiento. Para avanzar necesitan asentar aprendizajes básicos que otros niños ya tienen superados.

Por suerte, el cerebro humano tiene una gran plasticidad. Niños que lo tuvieron todo en contra logran salir adelante y recuperarse de sus carencias cuando cuentan con adultos que entienden sus necesidades y les proporcionan la ayuda que necesitan.



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