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SAP o Síndrome de Alienación Parental: cuando los padres se pelean por sus hijos

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Cuando los padres se divorcian, no quieren perder a sus hijos y hay que encontrar la mejor manera de repartir el tiempo con ellos. Es cuando puede llegar el Síndrome de Alienación Parental.

Hay niños que no quieren repartir su tiempo y no quieren que nada cambie, les asustan las novedades. Otros prefieren estar la mitad en cada casa porque les echan de menos y otros acaban rechazando a alguno de sus progenitores. Algunos padres, de forma a veces inconsciente, manipulan la opinión de sus propios hijos en contra del ‘ex’.

A menudo, en estas situaciones en las que se mezclan los sentimientos y las emociones, es difícil separar lo que son relaciones de pareja y lo que son relaciones parentales. Las víctimas, no dejan de ser otros que los propios hijos.

¿Qué es el SAP o Síndrome de Alienación Parental?

El Síndrome de Alienación Parental, tal como lo define Richard Gardner (1985) Profesor de Psiquiatría infantil en la Universidad de Columbia (NY) y que desde entonces se ha tomado como referencia en la práctica diaria, es un trastorno caracterizado por un conjunto de síntomas que resultan del proceso por el cual un progenitor transforma la conciencia de sus hijos mediante distintas estrategias, con objeto de impedir, obstaculizar o destruir sus vínculos con el otro progenitor y obligar a los niños a tomar partido por uno u otro.

Un caso real.

Os explicaré un caso real de un matrimonio que a los 8 años de casados deciden tener un hijo y, ante la imposibilidad de engendrarlo, realizan técnicas de reproducción asistida con semen de donante. De manera que el niño no es hijo biológico del marido, pero sí lo es legalmente. Al cabo de 5 años se separan y la madre rehace su vida con otro señor y se queda embarazada.

Aquí empieza el síndrome de alienación parental, S.A.P. poco a poco le va diciendo al niño que su padre ya no será más su padre y que, a partir de ahora, lo será este otro señor. El niño empieza por asimilar que tiene dos papás y poco a poco va rechazando a su padre legal, gracias a los constantes comentarios peyorativos de su madre.

El efecto contrario

En este caso, por todos los datos que hemos acumulado en las sesiones de evaluación psicológica, los menores están sufriendo constantes referencias que ponen en evidencia las intenciones, con la perspectiva materna, descalificando y humillando al padre con el intento de destruir el vínculo que los une. Sin embargo, el efecto conseguido no es el deseado, los niños se sienten fuertemente apegados a su padre. El conflicto de lealtades no está surtiendo efecto, tal como cabría pensar dada la edad de los niños.

En la franja de edad entre los 6 y 10 años, suelen ser excesivamente vulnerables a este tipo de estrategias. Pero en este caso, ellos no han tomado partido o establecido alianzas. Simplemente el niño sufre la situación de no saber quién les dice la verdad, se siente confuso y ansioso, con miedo a la reacción de su madre.

Ella quería deshacerse de esta persona, puesto que ya no estaba vinculada afectivamente, pero se olvidaba de los sentimientos de su hijo. El pequeño, no entendía nada, se sentía muy confuso y su actitud empezaba a ser un poco agresiva, incluso hasta con su madre. Este tipo de comportamientos suelen tener un componente inconsciente, su versión era que ella sólo le decía la “verdad” al niño, puesto que no era su padre biológico y por lo tanto cualquiera podría ser su padre.

Los niños no son moneda de cambio.

Frases como el juez ha dicho…, no me pasa la pensión… o no me deja la ropa… tu padre me ha hecho esto o tu madre aquello, etc… Deberían quedar en la intimidad de la ex pareja. Los niños de forma indefectible quieren a su padre y a su madre independientemente de si son o no pareja. Y deberíamos respetarlo, ¿no? Este tipo de situaciones son muy complicadas, pero los niños son niños y deberíamos protegerlos y no utilizarlos como moneda de cambio.

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